lunes, 10 de febrero de 2014

Experimenta tú mismo

Parece una contradicción, pero es más fácil elogiar a la gente que tiene alta autoestima que aquella que es insegura. La que se autovalora alto espera el elogio, pero para la persona con baja autoestima, el elogio viola su sentido de la realidad (así que hay que moderarse con la alabanza).

Si dudas de los diversos efectos que el elogio puede provocar, te proponemos los siguientes ejercicios:

Ejercicio A

La próxima vez que elogies a alguien fíjate en qué clase de reacción provocas en tu receptor:

- ¿Se abre el diálogo, se pone a al defensiva, o se siente inseguro o incómodo?

- ¿Parece querer continuar la charla o terminarla?

- ¿ Parece estar más motivado para trabajar o menos incentivado?

Ejercicio B

Después puedes comprobarlo en ti mismo:

- ¿Cómo te sientes cuando recibes un elogio?
- ¿Qué haces o dices para responder al mismo?
- ¿Cómo te sientes cuando tú elogias?
- ¿Qué estás intentando conseguir con el elogio?

Resumiendo, puede decirse que es cuestionable que el elogio se siempre un combustible que motiva y estimula a la gente. Pero, por otro lado, no hay duda de que un elogio dado de forma correcta es extremadamente útil como lubricante en las relaciones humanas. Las mantiene en un estado equilibrado y armonioso que se parece a la felicidad. ¡Pero no te asustes si la situación no dura!

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Fuente: No se lo digas a nadie ... así. Mejora tus relaciones a través de la inteligencia emocional. Francisco Galván

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