lunes, 10 de febrero de 2014

Reglas de oro para dar elogios

1- MANIPULACIÓN DE LA CONDUCTA

El elogio no deja de ser una evaluación. Y ser examinado siempre produce cierta incomodidad. ¡Nos pueden descubrir los defectos que tanto trabajo nos cuesta ocultar!

Las más recientes investigaciones psicológicas indican que cualquier evaluación -positiva o negativa - tiende a poner a la gente a la defensiva. Se tiende a pensar, pues, que todo elogio debe tener su contrapartida negativa (crítica). Probablemente, porque cuando se evalúa a alguien a menudo se intenta cambiar la dirección de su conducta. De alguna manera, el elogio se convierte en una evaluación negativa: si alguien intenta cambiarte, es que lo estás haciendo mal.

Por otro lado, el cambio de conducta que intenta propiciar el elogio no necesariamente beneficia al elogiado. Puede redundar en beneficio del elogiador. Por ejemplo, cuando elogiamos a un empleado por informar puntual, clara y ordenadamente de su actividad, nos está ahorrando tiempo y trabajo.


2- EVITA MOSTRAR SUPERIORIDAD

Elogiar es también una manera de ganar estatus sobre el elogiado. El que alaba se ubica en posición de enjuiciar al otro. Lo está catalogando.

3- OBLIGACIÓN DE ESTAR A LA ALTURA DEL ELOGIO

Otro de los aspectos más amenazantes del elogio es la obligación que el receptor siente - de continuar siendo- una persona loable. La responsabilidad de proyectar siempre nuestra mejor imagen. nuestro mejor yo, supone un esfuerzo tan grande que se convierte en un verdadero problema muy difícil de soportar. Es lógico, pues, que tratemos de defendernos de él.

4- LA INTELIGENCIA NO ES ELOGIABLE

Las personas que reciben alabanzas sobre su inteligencia acostumbran a rendir por debajo de su capacidad, tanto en sus estudios como en el trabajo. Los que reciben elogios por su inteligencia prefieren no arriesgarse en tareas difíciles o nuevas a cambio de asegurarse siendo considerados inteligentes.

El problema es que hay mucha gente que espera el elogio, lo necesita y lo agradece. Para muchas personas, su autoestima fluctúa hacia arriba o hacia abajo, en función de las frases positivas que reciben. Para ellas es importante sentirse valoradas por los demás. En nuestra sociedad hay excesiva dependencia de la aprobación de los otros, una tendencia que hay que reducir.

Si tu autoestima depende de los elogios recibidos, te verás obligado a comprobar continuamente que tu valor como profesional o como persona depende de si alguien te ha elogiado o no. La autoestima de la persona equilibrada sigue impasible tanto si se la vitupera como si se la elogia.


5- CUESTIÓN DE CREDIBILIDAD

Un elogio expresado por escrito puede ser aceptado más fácilmente que si es pronunciado cara a cara. Podemos saborearlo, reflexionar sobre él, sin necesidad de tener que reaccionar inmediatamente inventándonos la típica respuesta modesta. Incluso puede ser más creíble, y por ende, más gratificante.

6- EXAGERADA FRECUENCIA

Hay que evitar dedicar elogios con exagerada frecuencia a la misma persona. Abusar de ellos les resta autenticidad y  valor al reconocimiento, lo que puede provocar el rechazo del elogiado. De todos modos, para administrar bien el elogio hay que actuar como los médicos : aplicar la dosis más fuerte a los pacientes más débiles.

7- ELOGIA SINCERAMENTE

Una de las reglas básicas para que el elogio sea aceptado es que se diga con sinceridad. Las personas están más predispuestas a aceptar elogios que encajan con su propia evaluación. Recuerda también que un elogio no parecerá sincero ni creíble si, después de pronunciarlo, ¡le pides un favor al receptor del mismo!

8- SÉ ORIGINAL Y ESPECÍFICO

Repetir lo que millones de personas han dicho da la sensación que tu alabanza es mecánica, irreflexiva y, por lo tanto, sabida. Trata de que ésta sea personalizada y original. Recuerda que hay que elogiar lo que uno ha hecho bien, no lo que uno es.

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Fuente: No se lo digas a nadie ... así. Mejora tus relaciones a través de la inteligencia emocional. Francisco Galván

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